Escena 1

Suena el celular una vez. Salís del aula para atender. Resolvés un mini incendio y volvés. Suena de vuelta, el docente te mira extrañado, volvés a salir, cuando regresás, ya perdiste el hilo de la clase. A los 20 minutos, la historia se repite. A la quinta vez, te piden que te retires del aula. El docente tiene razón. Todo se podría haber resuelto si en la universidad hubiera WiFi o la antena de datos de Personal llegara hasta el aula, o si tuvieras la $$ necesaria para poder contratar a alguien en quien delegar tu trabajo durante tu ausencia, pero estás empezando con el negocio y todavía no se puede.

prohibido celular

El mismo dispositivo que beneficia la comunicación y el crecimiento de tu negocio, es perjudicial para la focalización de la atención en un aula.

Escena 2

¿Ocupás tu agenda de Lunes y Martes con 3 reuniones de negocio claves, muy importantes, o las postergás para el final de la semana porque el Miércoles rendís Psicopatología II?

Bien, ya estás tomando decisiones, welcome to the game.

Escena 3

Un profesor te dice que sos pésimo porque no te acordás de memoria todas las alteraciones de la percepción en una patología llamada esquizofrenia catatónica, te pone un 2 y te obliga a volver a rendir el final. Vos tenés un negocio, estás en la calle, y sabés que estudiar de memoria servía hasta el siglo 19, también sabés que no querés ser como ese profesor que obtiene satisfacción en estar de 8 a 22hs en la universidad evaluando de memoria a sus alumnos, bochando al 95% y que llega en un Peugeot modelo 87 todo chocado que lanza más humo que la trochita, sin embargo, si querés el título, tenés que hacer lo que el tipo quiera, no importa qué tan bueno seas en tu empresa. En la universidad, sos un número más.

La trochita es bastante más linda que el auto del profesor sádico.

La trochita es bastante más pintoresca que el auto del profesor sádico, pero arrojan la misma cantidad de humo.

¿Se puede empezar un negocio y al mismo tiempo cursar en la universidad?

La pregunta parece ir en busca de una respuesta única, y la realidad siempre es un poco más compleja.

La vida académica y la que uno lleva adelante durante un emprendimiento tienen características similares porque ambas requieren mucho tiempo y esfuerzo psíquico -perseverancia, resistencia a la frustración, resiliencia, capacidad de adaptación, toma de decisiones, etc- para poder rendir. Si sos malo con tu emprendimiento, el negocio se muere, perdés dinero y dejás a la gente en la calle. Si sos malo en tu espacio académico, no aprendés y no aprobás, por lo tanto no tiene sentido que estés ahí.

El tema está en si uno está dispuesto a ser mediocre al distribuir sus energías, o si cree que podrá ser bueno en ambos, haciendo malabares con la variable tiempo, que a nivel académico es manejable porque uno puede postergar ciertas obligaciones, pero a nivel negocio en general no es postergable.

El tiempo perdido no se recupera. Es muy importante aprender a administrarlo.

El tiempo perdido no se recupera. Es muy importante aprender a administrarlo.

En la universidad:

Vas a estar en déficit de condiciones con respecto a tus compañeros que sólo estudian, o en el peor de los casos laburan de 9 a 18 y después tienen la cabeza 100% en el estudio. Si tenés un emprendimiento, eso nunca va a suceder, todo transcurre al mismo tiempo. Por lo tanto no es nada fácil manejar las complejidades de dos frentes a la vez.

No esperes recibirte a la par de los demás con los que empezaste la carrera. Posiblemente demores mucho más en recibirte, aunque la buena noticia es que vas a llegar con el mismo nivel -depende de vos, obviamente- de conocimientos y formación.

Lo importante es nunca dejar de cursar, siempre seguir.

En tu negocio:

Vas a estar compitiendo con otros tipos que están 100% enfocados en el negocio. Sé honesto: Una versión tuya al 50%; ¿Va a poder ganar contra una versión de ellos al 100%?

En conclusión…

Estudiar una carrera universitaria y levantar un negocio al mismo tiempo no es tarea fácil. Obviamente se puede, siempre y cuando en los momentos importantes para tu empresa, no dudes en postergar la universidad. Además, será fundamental para que puedas avanzar, la capacidad de que tu negocio genere clientes y que puedas delegar tareas en terceros idóneos. Por último, siempre avanzar, habrá cuatrimestres en que no puedas dedicarle casi nada a la academia; no importa, aunque sea hacé una materia en el único hueco que tengas disponible, si abandonás la cursada, retomar cuesta 10x.

Mi experiencia personal

Empecé con NEOLO.COM en Diciembre de 2002 (4to año de la secundaria) y a en 2004 comencé con la Lic en Psicología, terminé de cursar a fines de 2012 (8 años más tarde) y defendí la tesis a principios de 2015 (en total, 11 años después de haber empezado).

Me tuve que fumar infinidad de docentes ineptos a quienes fantaseé con despedir al instante si fuera el dueño de la universidad, pero también tuve en misma cantidad (5? 6?) a profesores fantásticos que son los que realmente te educan, los formadores, esos que te dejan huellas que van a perdurar para siempre. Y esa formación es única y no la vas a encontrar en ningún otro lugar.

Me conformé con demorar más tiempo que el promedio para recibirme, y hasta con obtener menores calificaciones en la universidad (who cares?) pero nunca quise resignar a ninguno de los dos proyectos, el corazón, en ambos.

En definitiva, la casa de estudios y la empresa son espacios diferentes, es importante poder disfrutar del transcurrir de cada uno, y también de la experiencia única de estar en dos dimensiones tan distintas, al mismo tiempo. El desafío está en poder integrarlos constantemente.

Esta fue la oficina durante un período muy feliz.

Esta fue parte de la oficina durante un período muy feliz.

Otro dato que considero relevante, es que después de haber sido alumno por 11 años, siempre tuve en claro, que la prioridad en cuanto a ocupar la agenda, siempre fue de la empresa. Aunque más de una vez tuve que elegir postergar cuestiones de trabajo por asuntos académicos, sino, no llegaba más.

Además de gerenciar Neolo.com, que siempre fue prioridad, en noviembre deseaba terminar mi carrera universitaria, Lic en Psicología.

La tarea era faraónica, me propuse aprobar más de 6 finales, todos absolutamente difíciles, en 30 días.

¿Cómo hacer tanto esfuerzo en tan poco tiempo?

Les voy a contar una técnica que se me ocurrió y funcionó, quizás pueda servirles.

Este cartel lo coloqué en mi home office/estudio. 

Pensando en cómo planificar para concretar semejante meta, en un instante pensé en que siempre la competencia es contra uno mismo, no había carrera contra otros compañeros sino que  el desafío era conmigo mismo, contra versiones mejoradas de mí mismo. Entender esto es clave, por que te hace hacerte absolutamente responsable y actor principal de los resultados obtenidos, sean satisfactorios o displacenteros. No podemos dejar de lado que hay un otro que es el que “evalúa los conocimientos adquiridos” y también tiene sus particularidades, pero aquí la transferencia y la contratransferencia también juegan su papel.

Imaginé en cómo sería yo mejorado, es decir, una versión mía upgradeada que tuviera más memoria, más atención y concentración, más velocidad y calidad de lectura, más capacidad de expresión verbal, más persuasión, más capacidad de comprensión, de razonamiento, de abstracción, de relación y mayor claridad psíquica para comprender cientos de textos de sus autores originales en muy pocos días.

A cada momento que levantaba la mirada, el cartel me obligaba a responderme a la pregunta, “Qué haría tu yo mejorado?” “Estás dando lo mejor que podés dar?” “Hay algo que no estás haciendo y deberías hacerlo?” “Sabés todo lo que hay que hacer?” “Hay posibilidad de hacer mejor lo que estás haciendo?”.

En la medida que esas preguntas eran respondidas con “Estoy haciendo lo mejor que puedo” genera un nivel de satisfacción que se siente genial, y así, una tras otra fueron llegando los finales aprobados y con calificaciones un 15% mayor al resto de las materias de la carrera, algo impensado luego de haber cursado 9 años más de 50 materias con sus correspondientes exámenes finales mientras construía una empresa.

De todos modos, siempre hay cuestiones más profundas que juegan papeles fundamentales, por ejemplo el deseo de aprobar, de terminar, poner la libido en pos de la ambición y la perseverancia que deben posicionar al objetivo por encima de muchas otras cosas que van sucediendo en la vida. Sin deseo, es imposible compararse con un yo mejorado e intentar superarse minuto a minuto.

Les aconsejo que si están en situaciones de exámenes de cualquier tipo en la vida y el resultado dependa de ustedes, implementen esta práctica.

It works :)

“Hemos comprobado siempre que nuestro intelecto yerra muy fácilmente, sin que lo sospechemos siquiera, y que nada es creído con tal facilidad como lo que, sin consideración alguna por la verdad, viene al encuentro de nuestras ilusiones y de nuestros deseos.” 

Sigmund Freud, “Moisés y la religión monoteista” (1939)

“Tenés el poder de Tinelli” me dijo Emanuel Francucci (amigo, mentor especialista en finanzas), hace 6 años atrás, cuando le mostraba cómo multiplicábamos las ventas de decenas de pymes implementando técnicas de SEO, es decir, ejecutando unas técnicas puntuales para ubicar los sitios de nuestros clientes en la cima de los resultados de Google.

Lógicamente, me pareció una exageración absurda. Pero…

Google es sinónimo de Internet y hasta modificó lenguajes e idiomas enteros, por ejemplo introduciendo un nuevo verbo: Googlear.
Vamos a dejar para otro día un post sobre cuáles podemos pensar que fueron los motivos que llevó a Google a hacer lo que es hoy, pero quiero que nos enfoquemos en algo muy particular:
¿Cómo un contenido carente de relevancia puede hacerse relevante? Una de las respuestas posibles es; siendo referido por alguien que tiene autoridad.

Utilizamos a Google como el Oráculo de Delfos de nuestra era, un médico nos menciona una patología y vamos directo a Googlearlo, queremos saber de una persona y la Googleamos. Creemos que allí tenemos la respuesta a todo aunque nos digan que los contenidos no son los mejores:
Hace unos días, en una clase de tutoreo del Trabajo Final Integrador para obtener la Licenciatura en Psicología, un docente señala “quien tome como fuente a Wikipedia será instantaneamente desaprobado”. Es coherente, no se puede desarrollar un trabajo científico basado en una página que puede editar cualquiera. ¿Pero la gente sabe esto? En mi caso particular, lo entiendo, pero sigo utilizando Wikipedia (no para ese trabajo, claramente :P). Y esta ambivalencia me llevó a escribir este post. Leo boludeces, pero las sigo leyendo y hasta las comparto.

Entonces empecé a dar cuenta la descomunal confianza que transferimos como usuarios de un buscador a un algoritmo matemático de búsqueda y organización de información, y no deja de ser sorprendente que un profesional SEO puede hacer que cualquier contenido aparezca en los primeros resultados del buscador. No sólo cuestiones relacionadas con temas comerciales sino también relacionados a la salud.

Definitivamente así como Tinelli dice que le gusta X y al día siguiente las ventas de X se multiplican, lo mismo sucede con los primeros resultados de los buscadores. La gente los clickea, los consume y los necesita.

El problema es aún mayor, por más que sepamos que el ranking de resultados es modificable y alterable por alguien con habilidades o con dinero, también depositamos en ellos cierta confianza.

Quizás estamos atrapados en una problemática de la cual nunca vamos a poder escapar por la forma en que funciona nuestra mente, y ésto tiene que ver, con la tendencia de las personas a depositar gran confianza en las figuras de supuesta autoridad, ya sea que éstas aparezcan por un aparato cuadrado llamado Televisor, o sean estas dadas por una pantalla a la cual accedemos a Internet. Es un “bug” de nuestra propia naturaleza.

¿Habrá en algún momento un cambio tan grande como para que modifiquemos la forma en que depositamos confianza y la búsqueda de la verdad? Por lo pronto, me sigo quedando con la cita de Freud del principio del post.

Posiblemente, Google haya sabido entender qué deseaba la humanidad; Es decir su equipo fundador supo interpretar nuestro deseo vehiculizado por la pulsión epistemofílica (“deseo de saber”, lo llamará luego Lacan) y entregarnos aquello que tanto deseábamos (eso será contenido de otro post), para así convertirse en referente de información y tener el poder de mostrar “resultados” que serán tomados como verdaderos, por más que nuestro intelecto nos quiera hacer dudar.

Hace unos meses a partir de ciertos síntomas muy puntuales que tenía mi perra Collie de unos 10 años de edad, llamé a 3 veterinarios.

Uno dijo que estaba embarazada, indicó un procedimiento a seguir.

Otro dijo que tenía tumores, indicó otro procedimiento.

Otro dijo que estaba sana.

Dos meses más tarde, ella se fue de este mundo.

Las comunidades científicas se arrancan los ojos para determinar qué es ciencia y qué no lo es, qué buena práctica en una profesión y qué no lo es. Qué universidad es buena y cuál no lo es. ¿A quién le importa? Mientras tanto el mundo sigue girando.

Ridículos. Imbéciles. Teóricos. Académicos. Se quedan en los libros. La ciencia no existe, salgan a la calle. Menos palabras. Más resultados.

En Argentina lamentablemente no existen muchas incubadoras. Algunas de las que conocemos son más una vitrina de egos de superestrellas que una ágora del know how entre maestros y aprendices.

De todas las startups incubadas en Argentina, hasta el momento no ha trascendido que algunas hayan levantado nuevas rondas de financiamiento, ni que hayan alcanzado el break even. ¿Esto lo tienen en cuenta los emprendedores a la hora de elegir incubadoras? ¿O es sólo por la búsqueda de reconocimiento?

Suelo ser bastante observador y analítico, y no puedo dejar de lado lo que veo en los pocos eventos a los que voy; estrellas caminando, no saludan a nadie, hablan en inglés, y le prestan más atención a su iPad o smartphone que a la persona que les está hablando. Saben cómo impacta eso en quienes están incubando? A algunos, se les olvida quizás que estuvieron del otro lado también. No veo preocupación por la salud emocional, ni la motivación, ni la capacitación, ni la atmósfera de los emprendedores.

Me preocupa si esto se trata de engrandecer las imágenes de las estrellas y no de generar nuevas estrellas en los emprendedores.

Parafraseando a Zaratustra de Nietzsche:

Mal se paga al maestro si se permanece siempre discípulo”

Volviendo a los emprendedores, con todos los que hablé en estas semanas, ninguno eligió a la incubadora, fueron por “todas” y quedaron en la incubadora que quedaron luego de una serie de filtros.

Debería existir una competencia de incubadoras, en donde cada una explique cómo valúa a las startups, al equipo, qué les brinda, qué toma a cambio, qué tiene de valor diferencial, experiencias de éxitos, fracasos, casos de estudio, etc.

La competencia es sana, la competencia de planes de negocios y de emprendedores se da todos los días:

¿Y la de las incubadoras? ¿Para cuándo?