Nos están colonizando y no nos dimos cuenta

Los pueblos originarios no estaban preparados para soportar una colonización

Recorrer Ushuaia es movilizante. Es normal que mires donde mires, siempre vas a observar una bandera argentina flameando. Cualquier tour que hagas, siempre habrá una referencia y un inevitable comentario de los guías a las fronteras con Chile (y las islas perdidas con ellos: Navarino, Picton, Nueva y Lennox) y las islas perdidas contra Reino Unido, las Malvinas, que siguen siendo reclamadas.

Pero todo comienza a mezclarse y complejizarse cuando uno se percata, que durante 12.000 años vivieron en Tierra del Fuego las tribus de los Kaweskar, Selk’nam, Yamana y Haush. Inicialmente no fueron atacados ni conquistados pues no tenían de ningún bien que pudiera ser interesante para los viajeros de esas tierras, sin embargo fueron aniquilados en sólo 5 años con la llegada de los estancieros, el gobierno argentino, y las expediciones europeas que querían poblar el territorio.

Las formas de aniquilación fueron de las más variadas; campañas a caballo para “cazarlos” y retirarles las tierras, secuestros para llevarlos a museos en Europa para mostrar la superioridad por sobre los habitantes de las Américas, transmisiones de virus para los que no tenían defensas, utilizarlos forzadamente para publicidades, y la evangelización y “civilización” por la fuerza a través de organizaciones como la de la Sociedad Misionera de América del Sur.

 

Claramente, no la vieron venir. No estaban preparados para defenderse de posibles atacantes. Pueblos que existieron desde miles de años antes que los egipcios y los griegos, no pudieron sobrevivir a la colonización e invasión de sus tierras.

La reflexión nos lleva a pensar: ¿La aniquilación de los pueblos originarios para quedarse con sus tierras, violar a sus mujeres y aplastar su ideología y religión terminó cuando quedaron delimitadas las fronteras en el fin del mundo? ¿Acaso que ahora hay banderas en cada casa, ya no hay nadie que quiera robarle tierras a nadie? ¿Izar banderas en el frente de las casas nos libra de estar sometidos a la voluntad de un extranjero? ¿Cuál es el nuevo colonialismo? ¿Quién es el nuevo invasor? ¿En dónde está el que quiere lo que tenemos? ¿Sabemos quién quiere lo que tenemos nosotros? ¿Sabemos qué quieren?

Cuando era chico, en la escuela aprendí que la soberanía también se ejerce creando escuelas y hospitales, es decir dotando a los habitantes de servicios básicos para que tengan la misma oportunidad y calidad de vida en todo el país, y siempre nivelando hacia arriba. Estar presente, educar, cuidar, proteger, es fundamental para que no te quiten aquello que te corresponde.

Pero el concepto de soberanía que tenía de mi infancia se rompe en mil pedazos cuando intento hacer lo que hago a diario, conectarme a Internet: La Internet de hoy en la Patagonia tiene la misma calidad que las educación que había en Malvinas antes de la invasión de los ingleses: Inexistente, pésima, ausente y de mala calidad.

Si nosotros no podemos ni siquiera auto proveernos de Internet y señal de datos de celular; ¿acaso no vendrá alguien de afuera a conquistarnos por este camino? ¿No estaremos yendo hacia la repetición de aquello que no recordamos? ¿Acaso no seremos los argentinos los Selk’nam y Yamana del siglo XXI?

Entonces activás WiFi en el aeropuerto de Ushuaia o de El Calafate y te encontrás con la siguiente pantalla de bienvenida:

Y adelante de tus ojos está la respuesta: London Supply.

Es hora de reflexionar sobre el colonialismo digital, la hegemonía digital y la soberanía digital

La tecnología avanza tan rápido que no nos damos cuenta del revisionismo que deberíamos hacer de unos cuantos conceptos.

Seguimos pensando al colonialismo en términos de territorios geográficos delimitados, como un sistema político económico hegemónico domina y explota un determinado espacio físico y a sus habitantes para obtener un beneficio propio, pero ahora el espacio no es sólo físico, sino también virtual.

En este sentido, Freud en 1932 la respondía a Einstein sobre la dialéctica del dominador y el dominado en una extensa carta que reflexionaba sobre el por qué a la guerra.

“Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quién debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición.”
1932 – Fragmento de la carta de Sigmund Freud a Albert Einstein: ¿Por qué a la guerra?

Es decir, desde hace unos cuantos años, nos encontramos ante la utilización de herramientas (además de la fuerza bruta) para ejercer la dominación de los pueblos. Ahora, las herramientas también son online.

¿Sabe el gobierno argentino que con Facebook At Work le entrega datos de gobierno importantísimos a una multinacional  a quien el FBI, la CIA y el gobierno de EEUU tiene acceso? ¿Sabe el ejército argentino que aloja su información en Telefónica? ¿Saben los legisladores y funcionarios del poder ejecutivo y judicial que cuando se comunican por WhatsApp, Facebook Messenger, Gmail, Yahoo, Hotmail lo están haciendo a través de una plataforma que el dueño de la misma es una empresa estadounidense? ¿Saben los medios como Clarín, La Nación, Pagina 12, que cada vez que recomiendan una aplicación están ayudando a que se lleven más datos Google y Apple? ¿Sabe un habitante promedio de toda la información personal y de geolocalización que entregan a estas multinacionales con cerebros en EEUU?

Es lamentablemente paradójico (¿y necesario?) que combatir la brecha digital implique entregar más datos a empresas y gobiernos de otros países.

Las nuevas metodologías de control del otro vienen con forma de marcas, servicios online y hermosas publicidades.

Los grupos hegemónicos con el poder, el dinero y los medios están preparados para bombardear tu vida para que vivas en una nueva realidad.

Estamos ante una nueva conquista de América, ante nuevos Cristóbal Colón, Hernan Cortés, Pedro de Mendoza, y Fernando de Magallanes, donde la religión católica es ahora reemplazada por la adicción a la tecnología. La diferencia, es que a diferencia de los pueblos originarios que vivían en Ushuaia, todavía no nos dimos cuenta que nos están colonizando digitalmente, pero creo que todavía estamos a tiempo de ocupar lugares de poder en estas nuevas conquistas.

En definitiva, hay sólo dos lugares; conquistador o conquistado. No creo que sea escalable vivir fuera del nuevo sistema ni tampoco construir uno nuevo. Internet y las grandes marcas traen consigo enormes oportunidades pero es importante saber en qué lugar nos encontramos y cuáles son las posibles consecuencias.

“No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al cambio.” Charles Darwin

Bienvenidos al colonialismo digital.

Dominación
Creepy. Mark Zuckerberg entra de sorpresa sin que nadie lo notara, al Mobile World Congress 2015 mientras la audiencia utilizaba los Oculus VR, un dispositivo para observar realidad virtual en 360 grados, adquirido por Facebook en el 2014 por más de 2 mil millones de USD.

 

Update: En Febrero 2016 India rechazó el proyecto de Facebook para llevar un Internet limitado y gratuito con los contenidos filtrados y que Facebook quisiera. El 11 de Febrero de 2016, uno de los socios de Facebook, Marc Andreessen, señaló:

“El anticolonialismo ha sido económicamente desastroso para la gente de India durante décadas. ¿Por qué parar ahora?”

Ahora, que se hacen cargo, ya lo sabemos: Están colonizando.

2 comentarios en “Nos están colonizando y no nos dimos cuenta”

  1. Igual te comento, Londonsupply es una empresa Argentina… lo cual quizá no hace más que redoblar la contradicción…

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